JULIO GOMEZ F.
El
Autor es Periodista (CDP)
De
Cabral-Barahona, R. D.
¡NO, EL AGUA NO ES VIDA!
En
el pasado, en diferentes gestiones de gobiernos, siempre hemos escuchado a
muchas autoridades, sobre todo del Instituto de Agua Potable y Alcantarillado
(INAPA), afirmar con vehemencia y persistencia decir: “Dominicanos, el agua es
vida, no la desperdicie”. Esta expresión es repetida constantemente por
diferentes medios de información como un mensaje oficial; ante lo que sus
promotores consideran como un dispendio innecesario por parte de la población,
de lo cual la ciudadanía no debe ni puede darse el lujo, en un momento
histórica en que no sólo nuestro país, sino el mundo entero, sufre los embates
de las más despiadadas sequías consecuencia del calentamiento global, tan
apreciado líquido día a día se va disminuyendo de forma acelerada.
Posiblemente
la mitad de los seres humanos en el mundo, no crean en la propaganda
informativa que en este país hacen los gobiernos y autoridades de turno, de que
el agua, como importante recurso natural tan indispensable para hacer posible
la vida (incluyendo la humana) en el planeta, está disminuyendo con tendencia a
acabarse inexorablemente. Sin embargo, esa ocurrencia es tan posible, probable
y casi inevitable como el del propio fallecimiento y exterminio, un día no
esperado, de todos y cada uno de los mortales que nacen.
Estas
reflexiones nuestras vienen a colación y se generan motivado en lo que
diariamente observamos y que lo vemos como “un gran grave y grosero abuso”, con
el mal uso del agua potable o de consumo que el Estado o el gobierno, mediante
contrato formal o bien usada gratuitamente, le brinda a la población del país de
los distintos estratos sociales, a través del INAP. Muchos ciudadanos la
reciben de forma irregular o ilegal, sin un contrato legal y sin ningún costo,
como debe ser.
Señores,
nada justifica que miles, decenas y cientos de miles de ciudadanos usen y se
beneficien del servicio del preciado líquido que llega a sus, y que usen el que
necesitan para satisfacer sus necesidades básicas, y que permitan que el
líquido que fluye el resto del día y por las noches por las tuberías, se pierda
sin darle uso racional y adecuado; mientras otros muchos dominicanos que lo
necesitan y la esperan con ansiedad, se ven imposibilitados de recibirlo. Ello no
es más que una torpeza injustificada y una acción reprobable e inaceptable.
Ello
precisamente es lo que está ocurriendo a diario en muchas, pero muchos, hogares
de nuestros pueblos, en diferentes lugares del país. Y es aún más improcedente y desagradable ese proceder de
muchas personas, cuando autoridades del
Estado designadas y competentes para administrar ese vital servicio, conociendo
el problema y las consecuencias sociales del mismo, se mantengan indiferentes
ante tal situación. Ello no debe ni tiene ni
puede tener ninguna justificación valedera.
Somos de opinión –como lo ve y lo piensa
gran parte de la ciudadanía--, que una manera de las autoridades del gobierno
(del INAPA) encarar y corregir el
problema que comentamos, es creando mecanismos, comisiones técnicas de
supervisión del uso de las aguas en cada población del país; la que se encargarían
de verificar la distribución y el uso adecuado y racional del líquido;
estableciendo al mismo tiempo, entre otras medidas posibles, especies de sanciones
o multas a las personas que incurran en el desperdicio continuo e innecesario
de agua proveniente de los acueductos del Estado. También, como deber, forzando
a los usuarios del servicio, no importa el estatus social o económico, a reportar
de manera obligatoria, las fallas y las irregularidades que pudieren presentarse y detectarse, provocadas
o de forma casual, en las distintas redes de distribución adheridas a los
acueductos de cada población; etcétera.
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